La Procesión de la Soledad volvió a ser una demostración de fervor y devoción para una representación que está entre las favoritas de todas las generaciones de laredanos. Tras la obligada interrupción del desfile por la pandemia, a las 19:30 eran cientos los que participaban en los oficios religiosos en el interior de la parroquia Santa María de la Asunción. Apenas hora y diez minutos después, aún con la luz del sol iluminando las rúas de la Puebla Vieja, asomaba la cruz que abría el cortejo, seguida de unos jóvenes con remos, como previa a ‘La Oración del Huerto’, primer paso de la tradicional procesión laredana.

A partir de ahí, el resto de la comitiva, con los capuchinos y las damas de riguroso luto fueron dejándose ver a lo largo de un recorrido que transitó desde la iglesia hasta la Casa de Cultura. Con el obligado giro de las andas hacia la mar en la confluencia de las calles López Seña y Menéndez Pelayo. El canto de la Salve Marinera puso el colofón a una brillante jornada en la que miles de personas siguieron con recogimiento y silencio el deambular de las distintas tallas por las calles laredanas. La Soledad volvió a acaparar las palabras de admiración por su impactante y dramática belleza.

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